N i ñ o s C a p i t a l e s
CARLOS ARAYA VARGAS
INSTANTANEAS DE REALIDAD,
Christine Frerot, crítico de arte, (extractos) Paris, Julio 2000
Instalado en Barbes-Rochechouart desde hace varios años, Carlos Araya ha encontrado en uno de los barrios mas cosmopolitas de Paris, la matriz que nutre y estimula sus preocupaciones existenciales y pictóricas. Para el artista, nacido en Santiago en1966, la manera de ser sensible al mundo y la forma expresiva en la cual traduce esta relación, resultan en nada fortuitas. Si el desarraigo y la distancia catalizan en distintos niveles la intensidad del discurso, para Araya, los temas de la emigración y del mestizaje corresponden tanto a la experiencia personal como a la mirada y a la atención prestada al otro. Esta forma de dar materia a la vida, no es solamente una tradición de la figuración latinoamericana sino también una herencia del expresionismo europeo como la del alemàn Georg Baselitz o del norteamericano Jim Dine, y mas recientemente del chino Yan Pei Ming con sus retratos desmesurados.
Para este chileno, el interés por la figura humana, mas alla de la acentuación dramàtica del trazo, revela una cierta ternura. Como lo confirma el artista, la fuerte curiosidad que lo motiva, aparece tanto como una " via para revelarse " (y también para " rebelarse ") , como una interrogación del hecho pictórico.
Sin embargo, no es el hecho puramente plàstico que lo interesa. Lo que lo motiva profundamente es el tema o el concepto que anticipa, segun él, la experiencia de la imagen, " nunca he concebido la pintura sin tema ", dice.
Declara su preferencia por los temas difíciles y su sensibilidad acompaña un cierto cuestionamiento social, rechaza sin duda toda intención de estetizar la violencia o de hacerla demasiado cruda.
En cuanto a los grandes polípticos donde presenta visiones iluminadas y teatrales de Santiago de Chile o de Nueva York entre otros, el color es un fermento ardiente de su propia dramaturgia. La pintura de este artista es fisica y sensual, pero también metafisica. Ella traduce tanto el placer de pintar como un " savoir faire " valorizador. " Me gustan las cosas hechas a mano ", dice Araya. Y agrega: " mi oficio me aproxima al trabajo del artesano ". Lo que no le impide dudar del poder de la pintura, medio de expresión de la realidad que, para él, esta en via de desaparición de las exposiciones oficiales. Es indudable, sin embargo, que la curiosidad por la figura humana seguirà suscitando en su arte aquellas imàgenes de la vida, tan ligadas a su deseo personal como a su necesaria existencia.
